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viernes, 3 de junio de 2011

Cuaderno de bitacora de un marinero en tierra

Ha amainado el viento.

Mi amiga KL aparece de entre las nubes para decirme que "hemos llegado tarde a todo". Gente joven permanece acampada en la Puerta del Sol, en céntricos lugares de otras ciudades, mientras que los que los fiscalizan, los escrutan y los analizan dicen que "han llegado demasiado pronto a todo". O sea: que pronto pueden estar de vuelta.

Pero el que está de vuelta soy yo (no me preguntéis dónde estuve, digamos que no me acuerdo).

Dije que no volvería a escribir un blog. En realidad no lo dije; dejé de hacerlo. La vida es así.

Leí en algún sitio que las personas (como los gatos y los ciempiés) no hacemos las cosas como las pensamos. Las hacemos y, luego, damos un soporte teórico a nuestras improvisaciones. Algo que se ahorran los gatos y los ciempiés. No es bueno ni malo. Sucede así. Y si no te gusta, prueba a engañarte.

Lo malo es que aquellos que se arrogan la dirección de nuestras vidas nos hacen creer que su pretensión obedece a un plan lógico y lo único que tienen son grandes gabinetes para envolver sus continuas improvisaciones. Ellos manejan el corto plazo. Nosotros las deudas y la memoria de los cementerios y las cunetas.

El único plan razonable es el B. Justifica hasta el asesinato. Lo saben en determinado despachos.

Incluso dios cuando le machacaron a su hijo sostuvo que era un plan de redención. Por eso dios está hecho a nuestra imagen y semejanza.

Hoy empiezo este cuaderno de bitácora para que aparezcan mis contradicciones y perplejidades y al igual que Benedettí dijo que se paseaba con un ladrillo "para mostrar al mundo como era su casa", yo quiero traer aquí, además de mis opiniones (pocas, no creo que interesen a muchos), los versos, las canciones que me conmueven para mostraros como es el tipo vulnerable de mi interior al que doy cobijo. A veces un patán, a veces un ángel. Como tú.

En este primer día quiero hacer un brindis. Una salutación con un poeta de Cartagena que creo que entendió, antes que muchos, los tiempos en que sobrevivimos a la barbarie: José María Alvarez.

Todo aquello que no fue satisfecho

Todo a una carta

Pidiendo ya tan sólo
ponerme al fin de acuerdo con la vida

como cuando dos huyen de la policía

Aprendiendo a morir sin nadie

Habrá enterrado uno algo en esta vida

Contemplo una ciudad arrodillada
ante el espejo de la Sumisión

Los salones de un club abandonado
Los camareros
a esa hora
en que también los camareros han bebido
Y digo
Oh Melancolía
bailo contigo cuando bailo solo

Estamos siendo exterminados

Es quizás el momento
de contempla un Dürer y entenderlo
Repasar mentalmente
unos poemas de
Villon
Poner un disco de Fats Waller
O Lester Young

Beber la última copa
a la salud de Billie Holiday

Y esperar a que la policía
tire la puerta y me sorprenda
muerto.

Bienvenidos a un corazón sangrante que sostiene a un sujeto que edificó un faro tras haber perdido el mar. No para orientar los barcos. Para no perderse él y esperar a otros navegantes que extraviaron la brújula o dejó de interesarles algo que sólo señala el norte.

Mariano Crespo