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lunes, 30 de enero de 2012

La puta calle

Yo soy un niño de la calle. En mi niñez la calle era nuestro hogar y la casa una mezcla de cobijo y de lugar de castigo. Claro que cuando llegué a Moratalaz no teníamos calles sino polígonos. De tal manera que los niños nos convertíamos en improvisados agentes de información de los muchos agentes comerciales y distribuidores que se perdían en aquel marasmo desordenado de casas que parecían responder al delirio de un urbanista borracho.
Una calle es un nacionalismo mínimo. Uno es de un país, de una ciudad, de un barrio y de una calle. Pero si coincidimos en que la patria de una persona es la infancia sus límites geográficos son una calle.
El ayuntamiento de Sevilla le quita el nombre de una calle a Pilar Bardem o lo trueca por el de una Virgen para convertir en blasfemia lo que es un acto de sumo rencor. De rencor en su quintaesencia. De alma sucia sin barrendero que pueda limpiarla.

Más no nos engañemos. No le quitan una calle a Pilar aunque a la Bardem se la expolien. Privan de una calle a la izquierda. Expulsan del cartel a las mujeres libres. Exilian de una calle a los defensores de la memoria, a los irritados, a los guardianes de derechos. Es una patada a un amplio sector de la población en el trasero de Pilar. Al estilo inconfundible de los cobardes, de los pistoleros, de los maltratadores, de los miserables.

Ahora me parece más que nunca positiva la decisión del ayuntamiento de Madrid de no dar nombre de calle nada más que a los difuntos. Con la muerte las ganas de fastidiar a un cadáver se diluyen, porque para joder como para torturar hay que mantener al odiado vivo y disfrutar de su sufrimiento.

Además, si en Madrid se hubiera podido poner calle a vivos hubiera sido un lio para el callejero municipal conociendo la colección de lameculos azules con las que contaba el régimen.

- Oiga, me indica cómo se llega a Ciudad Sanitaria Provincial Francisco Franco.
- Con mucho gusto caballero. Toma usted por la avenida del Generalisimo, dobla por la calle de Ferrol, sale justo a la Avenida de Bahamonde y al atravesar la plaza del Caudillo, enfrente de la estatua de “Paco tu eres el más grande", coge el Paseo de El Pardo, dobla por la Avenida del Pazo de Meirás y enfrente del Paseo de Carmen Polo es donde usted lo tiene.

Todavía hoy nos mantienen la ignominia de tener a genocidas dando nombre a nuestras calles. Pero Pilar no se merece esto. Sevilla se cubre de lodo expulsando a una dama de una de sus calles. A los sevillanos honestos se les caerá la cara de vergüenza desde la Giralda al suelo.

Quisiera conocer un día en persona al mentecato al que han regalado la vara de alcalde. Me gusta tener la oportunidad de conocer el rostro de la gente impresentable.

Y cuando se consume la infamia, visitaré esa calle iré a la calle renombrada tocaré cualquier botón y le diré al vecino lo que dicen los empresarios a los obreros, váyase a la puta calle. Pasee hombre que es cardiosaludable  aunque el corazón en esta calle sea un órgano prescindible o ya podrido, mal oliente, una víscera inoperante.

No te preocupes Pilar, a la semana de la muerte de Fraga, estos cofrades honestos de la cofradía del santo desprecio, llevan a su máxima expresión aquella frase suya de “la calle es mía”. La calle es de ellos y las estatuas y el contaminado aire.
Pero no nuestros sentimientos y ahí,  Pilar Bardem, siempre, siempre, tendrás el nombre de una calle. No para tu honor sino para que nos sintamos hermosos y grandes. Como tú. Un beso.

                                                                                                                                MARIANO CRESPO


Volver a empezar

Hola amigos y amigas, tras una temporada de silencio vuelvo a abrir este cuaderno de Bitácora para colocar mis reflexiones mis poemas y mis prosas tna ambiciosas como pobres. Abro con un poema que ya coloqué en facebook y que refleja mi sentimiento al volver. Espero que alguno lo consideréis vuestra casa, yo desde luego tendré siempre la puerta abierta de este faro sin mar.

Quiero dedicar esta vuelta a una mujer que han quitado la calle en Sevilla de la manera mas mezquina, mi querida y admirada Pilar Bardem.



Volver a empezar
es un repaso de los cuadernos de apuntes.
Volver a empezar
es tirar a la basura los rencores
que aparecen a precio de saldo.
Volver a empezar
es cambiar los pañuelos
de las despedidas
por billetes sin destino.
Volver a empezar
es blasfemar y recuperar el apetito.
Volver a empezar
es reírse de los cotidianos suicidios.
Volver a empezar es recuperar
frente al espejo la sonrisa de los niños.
Volver a empezar
es renovar el abono de socio de la curiosidad.
Volver a empezar
dicen que es duro,
pero se quedan cortos.
Por eso al volver a empezar
no conviene comprar prismáticos
con vistas al pasado,
ni microscópios
para analizar los salibazos recibidos,
Ni telescopios
con vistas a los urinarios de los planetas.
ni visitar videntes,
ni intimar con santos.
Mas bien, al volver a empezar
conviene desempolvar el traje de la dignidad
que guardamos en el fondo del armario.


MARIANO CRESPO. "Volver a empezar"