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lunes, 17 de junio de 2013

Prevención




Es recomendable

de vez en vez,
reunirse con los fantasmas escindidos
de lo que uno fue
y de lo que no ha sido.

Prescinde para ese evento
de incómodos testigos.


Procura su contento.

Adquiere con desprecio
su silencio.

a) para saber quién es uno. 
b) cuál es su precio.
c)si tienes que proteger más a tu sombra
que a ti mismo.

Los fantasmas por norma
ponen el veneno de la difamación
en la taza de cinismo
con unas gotas de limón,
de las cinco en punto en el reloj de cuco. 



© Mariano Crespo Martínez






                        


                    


                    

viernes, 14 de junio de 2013

Episodios proféticos




Evidencio inquietantes síntomas 


del deterioro que el óxido del tiempo 


siembra por las paredes desconchadas de mi cerebro. 


Puede que no el más nimio

resulte del equívoco

de que para interpretar el futuro

mi curiosidad me conduzca

a recabar el criterio de ciudadanos ya muertos.



Cabe la posibilidad de que tras los obstáculos

para un diálogo práctico con los avestruces

y sensatamente hastiado del perfume vacuo

y la frivolidad de los que bailan Foxtrot en los naufragios

me haya refugiado en los clásicos

que a poner el dedo en llaga

no tenían alergia ni pánico. 




© Mariano Crespo Martínez








                    

El Foro porteño


                             (A Joaquín Sabina que se inventó una ciudad)


In illo tempore, el consistorio 


me persiguió con su tristeza. 



Cuando mudé al Barrio de la Alegría

pusieron allí el tanatorio.


Madrid, villa y corte,

era un vasto territorio,

toda dama  reina consorte

efímera y un maestro salmantino

de alcalde presidente

que nos amaba en latín y cervantino. 



No es popular leer en esta villa

pero la gente conocía cada edicto,

con su moralina y su apostilla,

del ilustrado republicano con botijo.


La peña se bajaba al moro

y tornaban cargados de amapolas

perfumando los cafés del foro.

Tranqui, colega, tu controlas.




Como un ateo furtivo que reza

huí a una isla en tranvía.

El exceso de algarabía 

amarga el dulce poso a mi tristeza. 



En Maó descubrí la vida,

mi elección más sensata.

Moverse contra movida,

si me paro Madrid me mata.


Pongamos que hablo de vivir

y que el mediterráneo mas que un mar es una fe de erratas.



Todo polizón sabe que tornará al Foro porteño.

Ser pirata es un contrato temporal

con final en un abordaje de realidad

que decapita, sin ápice de piedad al libertario sueño.




© Mariano Crespo Martínez







                       

jueves, 13 de junio de 2013

En la punta de la lengua




Como un monje trapense

que ve a dios 


sin poner palabras el encuentro,

hay quien se complace con el recogimiento.


A mí me sabe mal

el sexo

en silencio.

El sexo es oral

y lleno de agujeros como un queso,

como un beso.


El templo,

la oración,

en la punta de la lengua recreo.



© Mariano Crespo Martínez








                    
  

miércoles, 12 de junio de 2013

Peces de vuelta



Desahuciada la esperanza.

Ni siquiera,

el propio ángel del aguarda,


me protege ya la espera.


Andando por un andén

y la gente corre que te corre

hasta la parada del paro.



La fe

es una prestación

eterna

de unas pocas semanas.

Eres tú

y no el carné

el que tiene código de barras.



Pide la vez mil veces.

y date una vuelta

como el pez en la pecera.

No hay jamás segunda

si conviertes en última a la primera.


Ni siquiera,

el propio ángel del aguarda,

me protege ya la espera.


Con la esperanza desahuciada

soy poca cosa para el Heraldo del que no llega.


© Mariano Crespo Martínez





                    

                     

martes, 11 de junio de 2013

Ojos sobre las cejas



Cada vez que tus ojos me dan la luz larga

y me deslumbran y me ciegan. 



Cada vez que para pensarte de frente

me brotan ojos sobre las cejas.


Cada vez que el jinete grita

y vierte hasta sus seis letras.


Cada vez que un cuerpo se agita

y se extenúa y se derrama.


A espaldas de tu último pensamiento

se despide la noche cansada

cada vez que amanece el despertador muerto

y nada se atreve a sonar nada.


© Mariano Crespo Martínez






                     

La pregunta que buscas en el entreacto



En un entreacto,

cuando me hallo absorto en una dicha sin marco,


me sorprendo pintando el deseo de su origen


sobre un lienzo en blanco. 



Esa necesidad de inventar una flor

recreándome en una fragancia.



Me parezco a aquel que ponía la oreja en el mar

para dar sentido a la inútil belleza

de las caracolas de su infancia.



No tiene más lógica esta fiesta,

a la que nadie nos ha invitado,

que investigar lo preguntado una vez hallada la respuesta.



Los entreactos, a estas alturas de la función,

nos parecen dulcemente hermosos

pero, en concreto, son más largos.



© Mariano Crespo Martínez