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martes, 15 de enero de 2013

Los volubles tesoros aspiran encontrar exploradores incautos


"Buenas noches, noche. Me llamó Moisés. Moisés Filadelfio Gutiérrez Gutiérrez, un poco más conocido como Rosamel del Valle. Tengo tres hermanos dormidos en las llamas. Vivo en la calle San Francisco 328 esquina con las oscilaciones del atardecer..."

El pasaporte de Orfeo. LA CASA ROJA
JUAN CARLOS MESTRE


Existen cuentos extraños
de los que se cuentan solo
cuando los narra alguien con fiebre
a otro que está dormido y sano.


Este me lo narró el único superviviente
de un naufragio de secano
en la calma chicha de un café, en agosto
de acá para dos años.


Tal como él lo relató, yo lo relato.
Sin quitar o poner una coma
y sin añadir ningun dato.


Erase una vez
un tesoro
que encontró el mapa
del corazón de un explorador
desorientado.


No sería necesario explicar que no hay nada más aberrante
que estar escondido sin que ningún pirata incauto te encuentre.


El tesoro hizo lo razonable:
la manera de seducir
de los hombres con las mujeres.


Eliminar el mapa,
dejarse ver los martes
y, pese a su grandes virtudes,
mostrar pequeñas taras de serie.


Ya se sabe que el paraíso es que te amen,
que te admiren no te abre la puerta de la caja fuerte.


Resumiendo: que el tesoro, como es costumbre,
encontró al explorador
que, desde aquel feliz acontecimiento,
goza de mucho prestigio en el mundo de los hombres
como interpretador de mapas
de dificultad nueve (9).


Asunto del que ostentan los machos
cuando siempre están más perdidos
que un calcetín negro, un paraguas
o la convivencia entre la razón y las sectas.


Y no murmuren en la sala.
Esto es la realidad, amigos y amigas,
perplejos oyentes de mi relato.
Lo demás, pura filfa, tradición pero falso.


Yo no soy el culpable
de que la historia la escriban los vanidosos
cartógrafos en los bares
cuando están ebrios y pavos reales.

Si no encuentran el retrete,
al fondo a la derecha.


Si no encuentran la salida es que son mortales.
Asi de simple y de triste.



© Mariano Crespo Martínez






                   

lunes, 14 de enero de 2013

La hilandera del destino



                                      "Nunca sabes el pasado que te espera"
                                              Proverbio cubano


Mi madre me enseñó el oficio
de poner los brazos en paralelo.


Ella colocaba en derredor de ellos la madeja
hacía el ovillo y me daba un caramelo.


Yo, en el ir y venir de la lana,
aguantaba el picor en la nariz
e hilvanaba ideas.


Reiría la gente si conociera
que cuando sentado a escribir,
ni me bajan de la cabeza
ni me suben del vientre los poemas,
pongo los brazos en paralelo.
me pica la nariz,
y el ovillo de mi vida se desmadeja.


Entonces escribo que ya no tengo sabor a caramelo
cuando termino mi faena.


© Mariano Crespo Martínez






                                    
                        

Soledad con vistas




El creyó que ella le daba la espalda.


Mas ella le miraba de frente,
con el torso desnudo para la calle.


Hay mujeres que tienen una mirada
con el pasado por delante.
Ensimismada en una lágrima como un sauce,
Contemplaba las cenizas de un romance que ya estaba fuera de su casa y de su vida.

Una soledad con vistas es una soledad más sola si cabe.


© Mariano Crespo Martínez

© fotografía de Willy Ronis







                         

domingo, 13 de enero de 2013

Mi generación



"Aspirábamos a fracasar. Pero no a fracasar sin más ni más y de cualquier manera: aspirábamos a fracasar de una manera total, radical y absoluta. Era nuestra forma de aspirar al éxito".
"La velocidad de la luz". JAVIER CERCAS



Uno espera un tren y viene el amor y el tren no viene.


Uno espera el tren y el tren viene.


Pasa el amor.


Pasa el tren.


Y nadie, ni siquiera tú, espera.
Cinco lobitos la loba tiene.



© Mariano Crespo Martínez






                        

sábado, 12 de enero de 2013

Felipe



            “Después compre solfeos y un frac,
                     y por favor no cante por la nariz
                        y deje en paz a Schumann”
      “Instrucciones para cantar”.
JULIO CORTÁZAR



En mi familia nadie cantaba bien
excepto Felipe, el jilguero que vivió en casa una década.
El en libertad y nosotros en una jaula.


Eran tiempos difíciles para la libertad
la epoca en que nuestro pájaro tuvo familia,


A Felipe le bautizamos Felipe,
tras comprárselo mi madre a un gitano
por 14 pesetas a la puerta del mercado.



Un mal día se cayó redondo en su jaula,
mi padre le puso en el pico una gota de tónico cardiaco
y todavía nos cantó un año
en nuestro
paseo diario entre la lechuga y el alpiste.


Si ustedes no han oído cantar a un pájaro resucitado
no saben lo que es trinar boleros

ni bailar con un ritmo llorado.


El canto de quien ha visto
que por la estación de los muertos no pasan trenes
y la luz es lunar negro
como los adornos ocultos de las mujeres.


Mi padre también le compró discos de otros pájaros
y en la mañana de los domingos
no pude poner a los cantautores
porque Felipe estaba oyendo los grandes éxitos
de las más afamados coros alados
.


En mi familia nadie cantaba bien.
Así que emigré a otra parte
que es el lugar en donde reside la música.


Busqué las demandas de empleo
un trabajo con derecho a deseo.



Y llegó la primavera sin sujetador
a anunciarme la buena nueva.


Esa primera vez en que, con la boca seca,
distinguí a Felipe entre el coro de miles de pájaros.

que festejaban mi estreno.


Nadie en mi barrio se explica como de una jaula
en la que nadie entonaba al cantar
había semejante lujo que alegraba el patio.


Luego se murieron Felipe y el silencio.
Mi familia habitó la casa y en la jaula había un hueco.


Un día mi padre puso la radio y,
sin que supramos el
por qué, 

se levantó, llorando, contento.

Días más tarde,rellenó el hueco
de la jaula con
una fotografía de Franco.


© Mariano Crespo Martínez






                          

viernes, 11 de enero de 2013

Declaración





Únicamente con verdad no se escribe poesía, hay que persuadir.

                                                         José Hierro


Voy a darte el amor planetario


El que a Hierro mata.

El que a Hierro muere.


© Mariano Crespo Martínez
 






                              

                    
                    

Lago



              "Alguna vez el mundo llegará a ser perfecto.
               Pero estará vacío".


                    LUIS GARCÍA MONTERO



Amor, al lago le falta algo.




Tu cuello de cisne mordido como una manzana.


La foto de su fantasma en la mesilla en el cenicero
sin colillas, con tus pendientes de lunitas
de madera del árbol en que la navaja hirió te quiero.


Una barca con barquero en donde las niñas
bonitas no paguen dinero.

Algo, algo, algo.

A este sueño contigo de algo, amor, le falta un lago.




© Mariano Crespo Martínez