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Faro sin mar..

sábado, 2 de mayo de 2015

Absurdo


Puede que sea estúpido
-amen de absurdo- 
este antojo de traspasar la puerta
de nuestra segunda residencia

y encontrar ternura
o un iglú con chimenea
para romper el hielo 
y mentirnos nuestra verdad. 

Estoy viejo 
y soy partidario de cosas
-arte, sosiego, vidrieras-
 
de las que me es engorroso
hablar de su utilidad. 

¿Cómo decirles?

Miren, soy de la época 
de los absurdos: 
la del amor eterno,
del paraíso en cómodos plazos 

y, sin ira, la libertad. 

De cuando las botellas eran coquetas;
La del espejo en el mueble bar.

© Mariano Crespo


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