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Faro sin mar..

sábado, 21 de noviembre de 2015

Retrato de pipa con hombre


Vidas atrás 
me recuerdo erudito, 
con buena labia, 
de pensamiento
mucho más sociable.
Tenía un resorte
en la cabeza 
por el que oía una noticia
y opinaba, 
elaboraba un diagnóstico,
encontraba el meollo 
enunciaba las causas. 
Las mentiras,
por esta oreja me entraban
y salían por la de enfrente.
Las verdades tomaban café 
conmigo a diario 
y los domingos iban a misa
y comulgaban ruedas
de molino recauchutadas. 
Ahora, 
si oigo una información 
no miro a nadie,
no vayan a preguntarme. 
No sabría qué decir, 
por dónde empezar.
Es tan complejo todo
que para errar mejor es callarse. 
Y cuando
-porque leí algo del tema- 
tengo algo que apuntar 
para aportar al debate 
hace ya un siglo 
que cambiaron de tema 
o acabó aquella guerra,
dio comienzo otra hambruna, 
cambió el clima 
y se casó un torero.
qué se yo,
con un toro 
o alguien con cuernos
de buena camada
y acabó la tertulia. 
Vidas atrás 
hasta me podías 
pedir un consejo. 
Hoy solo indico 
a los perdidos 
cómo llegar a su calle.
Es como si todo 
estuviera más claro 
o más turbio
pero para mí 
para mi uso personal
exclusivamente. 
En esta vida presente 
no convenzo a nadie
me da pereza
utilizar el cerebro 
para usos triviales. 
Eso sí, 
desde que estoy torpe 
para el debate 
capto los sentimientos 
al vuelo y debato 
con los pájaros 
y con la sombra de tu pelo 
cuando se desvanece
el mundo con la tarde.
Enciendo la pipa,
leo mis poetas 
y el mundo adquiere 
nuestro desorden 
amable. 
Esas tibias ganas
de besarte las flores 
y tararear un bolero 
sobre el ser, 
el infinito, 
la omnipresencia 
de tu boca 
en la palabra beso,
Sobre la omnipresencia
del amor 
entre las noticias de barbarie.

© Mariano Crespo 
© Foto de Héctor Crespo

4 comentarios:

  1. Pipa sosteniendo al hombre y, más tarde, el deseo de fumar: el humo, perpetrando todas las cosas.

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    1. Un abrazo, Raul. Gracias por visitarme y dejar tus opiniones. Un abrazo.

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  2. ¿Qué hay en la pipa? ;) Rubén Darío tiene un cuento que se llama “El humo de la pipa”, un texto lleno de alucinaciones en el que construye un mundo gracias a un estado alterado de consciencia. El protagonista (él, seguramente) fuma algo que no sabemos a ciencia cierta qué es (dicen los entendidos que opio), pero que proviene de una pipa. A medida en que va fumando y la sustancia surte efecto, se transporta a una isla en donde irrumpirá en medio de una tertulia de hadas.
    Cuando ellas se enteran de que las está observando deciden castigarlo con no ser amado nunca. Entonces empieza a vagar por el bosque y se da cuenta de que todos los seres de la creación son amados. Todos: el ruiseñor, la tórtola, la flor, el cisne; todos, incluso la piedra. Todos, salvo él. “Y sentía mucho amor, mucho amor, y no podía detenerme a calmar esa sed” escribe. “Y yo gritaba: ¡Tengo sed! Y el mundo era sordo”.
    Pero incluso en ese castigo se le ofreció la Esperanza.

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    1. Yo fumo el "opio" del pueblo: tabaco. Tabaco monárquico de Dinamarca, Una de mis contradicciones. Un besazo, Victoria.

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