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jueves, 8 de febrero de 2018

Trance


Hay instantes de duración variable 
en que mantengo con una mujer
relaciones intemporales, 
quizá porque el amor siempre viaja 
y solo para ser verso se detiene
y en el alfabeto descansa. 

Son los momentos 
en que juego con la niña, 
advierto los miedos de la madre,
me sorprendo con las rabietas en flor,
de la muchacha que extravió 
el candor y no doma la hembra.

Las ocasiones 
en que se sienta a dibujar los árboles
y los frutales imitan el florecer de ella.

Las circunstancias 
en que es sabia y maestra 
torbellino, siesta, tormenta, 
marea, volcán barro y cuerda. 


Hay instantes de duración variable 
en donde una caricia 
se prolonga décadas.
Y creo que a esta mujer recién llegada
la empiezo a conocer 
tanto que me sorprende 
como si yo mismo me conociera.

Mariano Crespo

             
             

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