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sábado, 25 de febrero de 2012

Los preludios de la catástrofe


Compremos por ejemplo un pasillo eléctrico
y convenzámonos de que estamos caminando.
El hombre nunca se hizo caminante para adelgazar.
Jamás castigó su cuerpo para lucirlo junto al mar.
Nadie ejercitó su espíritu para robar y crear miseria.
La vida era una aspiración a la belleza.
Los clásicos nos enseñaron que nos aguardaba
un destino, de guerreros y sabios,
de viajeros y pensadores.
De mente lúcida en un cuerpo sano.

Que Grecia arda es una metáfora.
Un aviso de que somos una cultura que va hacia las cenizas
si no logramos desprogamar
a esos señores de corbata, parapetados en siglas,
que, como HAL 9000 (*),
tienen la instrucción de esclavizarnos,
de eliminar excedentes,
y viajar a un suicidio
que se confunda con un regreso al paraíso.
Un Odisea sin Ulises ni Penélope.
A esa barbarie le llaman progreso.

La esclavitud es tan míserable como cómoda.
La libertad es tan bella
como molesta y ardua y laboriosa.
Varon y mujer se nace,
la condición de ciudadano y ciudadana se conquista
o no se abdica de ella para salvar los muebles.
Pero siempre queda el recurso
de poder seguir engañándonos.





© Mariano Crespo Martínez



(*) Ordenador de la nave en 2001 una Odisea del Espacio.




                                                    


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