Páginas

Faro sin mar..

viernes, 11 de mayo de 2012

GULLIVER



"Lo que fuera de mis compañeros del bote, como de aquellos que se salvasen en la roca o de los que quedaran en el buque, nada puedo decir; pero supongo que perecerían todos."
Jonathan Swift. "Viaje a Liliput"


Si no eres adicto a
los naufragios
no has nacido para narrador.
Los viajes plácidos
no dan para un relato
siquiera para una conversación
tediosa, aburrida la chimenea,
dormido el jarrón.

Si quieres ser narrador
especialízate en charcos y lodos.
Siéntate en el banco del parque
por el que las mujeres transitan
deprisa y sollozando
con un pañuelo que no tienen
y el corazón sangrando.

Contempla en la puerta
del centro sanitario
al hombre rocoso y fuerte
que con un sobre grande
y un diagnóstico en la mente
se desmorona en una esquina
y vomita la bilis del miedo
y del desamparo
que no conforta el aire.

 Observa los parques
y contempla al niño
con el que no juega nadie.
Y al gorrión recién nacido
que no logra alzar el vuelo
y pía un SOS a su madre.
Al gato que perplejo lame
a su hermano atropellado
que primero, convulsiona,
y después no es nada, nadie.
Oberva la mirada del gato
y, si te quedan emociones,
irás a blasfemar al retrete.

Detente en la librería
a observar al inmigrante,
de color pobreza,
que, a escondidas, lee el Marca,
con los ojos brillantes
por el triunfo del Atleti.
Agachado y muy pendiente
para que no le saquen tarjeta roja
y tenga que irse a la calle.

El espectáculo de cabezas bajas
que nos ofrece el metro
cuando alguien entra
y con la mirada opaca,
de la retina vencida por el jaco,
reza una letanía de juglar
por si su miseria urbana
conmueve a la anciana
que perdió un hijo yonqui
o al desempleado
que se le ha dado comprender
que siempre hay alguien
por debajo en el escalafón
miserable de la cotización
en el vertedero del mercado,
en el índice “sin salida”
del que nunca informan
los diarios bursátiles.

Si quieres ser narrador
no has de huir de los naufragios.
Pero no te dejes vencer por el sueño
o te apresarán los enanos.



 © Mariano Crespo Martínez


                         

7 comentarios:

  1. No sabemos lo que nos depara la vida, por eso hay que aprovechar los buenos momentos, que los malos y dolorosos vienen solos y cuando menos te lo espera. Desgarrador tu poema pero real como la vida misma. Gracias;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Es desgarrador mirar a la vida pero solo mirada de frente se puede uno realizar en ella.
      Un beso sale en AVE.

      Eliminar
  2. La vida no perdona cuando das un mal paso, tropiezas y caes y muchas veces puedes levantarte y continuar tu camino, otras en cambio, parece como si las caídas se agolpasen y cuesta ponerte en marcha y después seguir el camino. No voy a recomendar a Dickens, ese mundo triste, sórdido, de pobres gentes que caminan hacia ningún lado, personajes que parecen que se quedaron olvidados en una época como si ya no existieran y están aquí con nosotros, los que cada mañana vemos hurgando en los contenedores, los que esperan a que echen el cierre en cualquier supermercado para llevarse lo que los demás no quieren, las personas que esperan cabizbajos en la cola de Cáritas de un comedor social de mi barrio porque la pensión es muy pequeña o por culpa del paro no les llega ni para comer. Y ese chico de la farola que sonríe a pesar de todo, quizás porque aquí lo pasa mal pero tiene algo que llevarse a la boca y no como en su país. No me extraña que no seamos optimistas cuando vemos todo esto o quizás solo sea una excesiva sensibilidad que nos hace ver lo triste y lo sórdido del ambiente, ¿o quizás solo sea la pura y triste realidad?

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. tu deberias dejar de comentar mis escritos, amor mío, y empezar a escribir los tuyos, tienes mirada propia y talento.

      Eliminar
  3. Bellísimo Mariano!! Tantos contrastes en las calles y tan pocos narradores para señalarlos........Gracias poeta! Un abrazo!

    ResponderEliminar
  4. Quizás un día nos encontremos en algún banco de un pequeño parque.
    Tú construirás un bello poema.Mientras tanto, yo me iré a blasfemar al retrete.

    Gracias, Mariano. Como siempre.

    ResponderEliminar