(A Antonio Horcajada, justo lo contrario de lo aquí descrito)
El huerto de la enemistad ni lo cuido ni lo riego.
Creo que no guardo un euro de rencor en mi libreta de ahorros.
Excepto a los tipos que se alistaron de desertores en mi ejército. Esos espías al servicio del éxito que cambian de camisa al arbitrio de la moda y nunca tuvieron una opinión sin precio.
Los tipos que en cualquier guerra estarían en intendencia y, para matar el tedio. de voluntarios en los pelotones de fusilamiento.
Los he conocido en mi equipo los huelo en el grupo adversario.
Ustedes también pueden distinguirlos pongan cualquier informativo y cuando llegan las noticias de terror son los que aparecen en segundo plano.
Tenía un alma de estreno en Broadway, una imaginación sin plagios, la curiosidad de los cachorros y la inseguridad de los funambulistas aficionados. Creía que el mundo era transformable como un mecano. Era defensor de oficio de todos los culpables.
Soñaba que lo que le crecía las noches primavera era un cohete que le haría ver las estrellas.
Leía en los retretes más que en las bibliotecas.
Creía en todos los dioses y se dormía en la iglesia.
¿No llegaste a conocer a Charly?
Yo intimé con el hace muchos años. Ahora casi ni me reconozco.
Amo el cine por múltiples razones. Una, no la menor, es por los títulos de crédito. Cuando se construye un edificio figura el arquitecto, los aparejadores y los que ponen el dinero.
En ocasiones, en los diarios, una breve noticia sobre un obrero muerto.
Como me parece vulgar empezarla por el tejado la he comenzado por el pueblo.
Una villa en la que mi mente ya está empadronada y que tiene más de lo que precisa un hombre con mis vicios y costumbres.
Juzguen ustedes.
Hay un escudo señorial que si lo acaricias brota la amapola del olvido. Hay un campanario con nido de cigüeña instalado en mi reloj. Hay un guardia de farmacia repartiendo libros de Vallejo. Hay una torre inclinada al paso de las muchachas en flor. Hay un cura, dos curanderos, tres brujas y un tele-club. Hay una noticia que corre de boca en boca por vacante de pregonero. Hay una princesa consorte casada con el concejal de cultura. Hay una fiesta matronal en la que arden en la pira los patrones. Hay palacio de Justicia con juez de aquí paz y después gloria. Hay un cementerio a la espera infructuosa de su muerto inaugural. Hay vecinos bárbaros que lloran en el cine y los bautizos. Hay una brigada de hombres-bobos que se transforman en sabios por luna llena. Hay una general en huelga y un cabo de puesto sin cuartel. Hay médico pero hace 33 años que esta de baja por mal de altura. Hay una virgen –dicen las malas lenguas- sin romería. Hay una higuera en el clausurado burdel que no da higos de puta. Hay una víbora de boca venenosa pero no muerde y es forastera. Hay un astronauta empadronado que nos cae por Nochebuena. Hay un sota, un caballo y un siete de copas trabajando de carteros. Hay una semana de pasión y cuarenta de desgana de licencia matrimonial. Hay gallinas ponedoras de huevos de oro con dos yemas por quilates. Hay un yacimiento de cabrón que nadie ha extraído o levantado. Hay un apeadero de diligencias y una terminal de burros. Hay una nube que da sombra al mediodía subvencionada por la Unión Europea. Hay niños, rifas, paloduz, rio, lagartijas, cromos, chapas, peonzas y ranas. Hay una ruinas romanas, no las que provocó la puta heroína. Hay un ajetreado matrimonio gay: el pirómano y el bombero. Hay un faro cerrado porque dicen Muerto al Mar de Lágrimas. Hay vacas lecheras y vacas que prefieren tomar café.
He seguido la senda de Jesús. He transitado con otros por la doctrina de Karl Marx. Los poetas me han hecho sentir hasta el delirio. Los filósofos me han dado dudas y posos de conocimiento. Los narradores me han ayudado a entender este desconcierto. Pero si alguien esculpió mi espíritu fue un hombre bueno que me dio cuidado, cobijo, cariño,y jamás me dijo ni qué hacer, ni cómo pensar, ni qué le parecían mis caminos y mis atajos.
No he escalado ni posiciones sociales ni montañas.
He sido un intrépido espeleólogo tumbado en la cama con los ojos cerrados y las púpilas dilatadas y húmedas. Me semejo a un búho curioso y desbordado. Mi vocación, no sé si elegida o por descarte, ha sido la de paseante y mirador desde la atalaya del suelo y los túneles subterraneos.
Desde esa posición privilegiada -peripatético con Aristóteles, caminante con Machado, acostado con Onetti- retratada en verde en los semáforos la vida me ha reprendido cuando he arrollado a prójimos con la arrogancia de la diferencia de velocidades.
Algunos de mis aterrizajes -los paseantes volamos, no somos ajenos a los prodigios- han sido de emergencia y con daños personales y heridos compañeros y compañeras dañadas.
De igual manera que a mis colegas me ha caido el cielo sobre el sombrero. Jamás usé paraguas ni en los casos de bombardeos de ideas o de explosivos.
Cuando llevo casco es porque sostengo una opinión que no es compartida por los que me han dado alimento y cobijo a cambio de mis escritos.
No cambio el tono ni el argumento cuando me mudo de geografía de arquitectura o de patrón.
Me han educado bien solo cago en casa y allí rompo los platos.
En el capítulo de condecoraciones, no tengo ninguna medalla. Guardo los remordimientos en mi sala de trofeos que visito como mi muro de las lamentaciones o mi confesionario laico.
No tengo la conciencia limpia porque la he utilizado.
Soy proletario de patrimonio.
No he escalado posiciones sociales ni montañas. Para determinado caminos hacia el éxito y la fortuna no tengo vocación o soy diletante, vago.
Una mujer que me quiere se burla, con cariño, llamándome viejecito.
No me preocupa la edad. Soy más joven que los muertos. Si me hace mella un lugar sin geografía que no tiene dígito concreto y no se llama joven ni maduro ni viejo.
Hay una edad en la vida que, como en las pistas de despegue, se te indica que ya no hay camino de retorno.
Si como es mi caso, la has pasado, sabes de qué dolor seco hablo.
En mi barrio la novias llegaban intactas en desnudez al matrimonio.
Todo se tocaba sin quitar nada.
De ahí nació la expresión "meter mano" que hoy en día es una reliquia del habla. En donde yo crecí todos los muchachos vimos a la misma chica lo que se había palpado a las legítimas.
La encontré hace pocos años y me parecía como de la familia.
Como un patrimonio público en pedagogía mamaria.
La orografía sentimental de una barriada.
A aquella chica, como a una canción de Serrat, nos la sabíamos todos.
No me es dado imaginar la fuerza
precisada
para poder doblegar la fuerza de las palabras.
Aspirar a tener poderes
que no supiera manejar con sabiduría
tampoco es un objetivo de mi ánimo.
Las palabras.
Soy un artesano y se me sublevan.
A veces se esconden con la indecencia
de los que se saben necesarios
y lo aprovechan.
Hay palabras impertinentes
que se te ofrecen como rameras.
Si las usas son un robo pagado
y no el regalo de la intuición
de esa bruja realquilada
en el camastro de tu experiencia.
Hay palabras que no pronuncias,
esas víboras con los dientes clavados en las entrañas.
Hay palabras miserables como medias verdades
o mentira ruines en una fiesta de antifaces.
Hay palabras que las sueñas en otra lengua
y las escribes en castellano. Hay palabras que llevan gabardina
para empaparte y salir indemnes.
Hay palabras sobrias al sólo alcance de los borrachos.
Hay palabras de honor y palabras de pregonero.
Hay palabras de aliento que son alivio de luto
para las derrotas de tinte negro.
Hay palabritas que son demonios enanos.
Hay palabras como balas de revólver humeando
con algún cadáver aún caliente en tu cerebro.
Hay palabras que dicen lo contrario
de lo que constriñe la etiqueta del diccionario.
Hay palabras que nunca pronunciaste
y todo el mundo te las ha escuchado.
Hay palabras que gritas y no tienen mercado
marchitándose en el eco terco del fracaso.
Hay una palabra que me gustaría escuchar
instantes antes de ser eternamente sordo.
Ay! las palabras, qué peligro, que sudario.
La palabra más embustera,
la que sostiene mi ángel interior,
es la palabra sincero.
Ay! Las palabras, ay los silencios.
Nunca son idénticos ni similares ni de la misma cosecha cualquiera de los
te quiero.
No os asustéis jamás por aquello que vuestro entendimiento no alcanza a colocar en el archivo de lo razonable.
He pernoctado con brujas en plenilunio. Conozco el sabor de las mágicas setas para la iniciación en la pérdida de la inocencia. No apelan a las leyendas los que pregonan que mis antepasados son más jóvenes que mis hijos.
Te falta un hervor si pones en duda lo que no te cuadra.
Las musicales ubres de las gaitas sonarán en tus sueños cuando por fin comprendas que eres eterno.
Como eterna son las heladas lágrimas del rocío en invierno.
No oses mirar lo que las brujas hierven en el puchero. Es lo más parecido a descender al Averno.
Las brujas con las que intimo leen los conjuros en ebook y de la verruga no tengo indicios.
Los gatos utilizamos la curiosidad necesaria de los que no malgastan siete vidas por un capricho.
Cuando Tomás respira la habitación se queda sin aire.
Tomás es explosivo como una bomba de acciones.
Tomás es un llanto convertido en grito en la búsqueda de un hombre vivo. Labor que se antoja imposible hasta para él dado que al hombre le asesinaron. Era su abuelo. Desde entonces Tomás es, de una noble manera, nieto de todos los republicanos muertos.
Cuando Tomás se levanta despierta con él el enfado marcado a fuego en el carácter de los piratas nobles.
Cuando Tomás barrunta una idea nos pone a los amigos en orden de combate. Luego, la medita y se riñe. Se enfurruña y los amigos traemos pacharán y besos.
Le fabricaron de buena marca pero no le pusieron el "pause".
Tomás es ese enemigo público que, como un cíclope de barrio con un ojo de halcón, un super-heroe en rebajas, al alcance de los todos los bolsillos, que va sujetando el mundo del empuje de la barbarie.
Cuando Tomás respira la habitación se queda sin aire.
Todos saben que es imprescindible para la Justicia que este hombre se enfade.
Los taxidermistas de sueños guardan el Olimpo en la chistera,
incluyeron la carne de gato en la gastronomía, tienen libros de culto en la nevera, hacen carrera política desde la escuela, gustan de quemar sabios en las hogueras, son dueños de urbanizaciones en la galaxia, posan para su retrato en las casas de moneda,con un cordero y un lobo inventaron el travestismo, convierten a la muerte en alegre sala de espera, dieron salida comercia a la tortura en la joyería, levantan sedes sociales en los cementerios, utilizaron las palabras más hermosas para la fachada de la nada, celebran el bautismo de todo lo maldito, coleccionan devotos en ediciones de bolsillo lleno, compraron el arcoíris y cobran derechos de autor por las banderas, son el oficio más antiguo sin abrirse de piernas, convierten el vino en agua, al contrario que el Nazareno.
Los taxidermistas de sueños lograron que la izquierda fuera la dirección prohibida.
A la primera mujer que di un beso con lengua me parece recordar que fue a Ingrid Bergman.
Lástima que no viniera a los guateques de mi amigo Pedro, porque era de las que se dejaba tocar las tetas porque ni hay acomodador en los sueños, ni las divas se protegen el pecho con las carpetas.
Cuán diferente es el Metro Vinateros de la Metro Goldwyn Mayer. Qué distinto es el ladrillo visto al celuloide.
Cuando estuve en lo alto de una de las Torres Gemelas miré a su hermana a sus ojosy el aire de la bahía del Hudson nos estremeció a los tres. Casi nos cogemos de las manos, las torres y este peón de un ajedrez en el espacio.
No sentí vértigo hasta que las vi caer en llamas, en directo
Un hombre que ha besado a mujeres ya muertas
y subido a edificios que son cenizas tiene una conciencia frágil sobre lo eterno.
Pese a ello me regocijo cuando cada vez que te miro siento el primer estremecimiento.
Cuentan aquellos que quedaron abandonados a su suerte en las hostiles arenas del desierto o en la calle principal de su pueblo que hay que tener respeto a las oasis. Los engaños de lo sentidos residen cómodos en los hombres solitarios.
Para que un oasis sea realidad y no un cruel invento de la soledad hay que palparlo, hay que cobijarse del desprecio bajo sus palmeras, hay que saciar la sed en el agua que mana, hay que intimar con la placidez a su vera.
Hay que preguntarle, sosteniendo la mirada, si es un oasis.
Una respuesta afirmativa te indicara que estás errado.
Los oasis niegan su condición por timidez, desencanto o una inexplicable modestia.
La medida de distancia para abrir polémica es el tiro de piedra.
La amo por democrática.
Tambien es la medida más útil para los pájaros con prudencia. La medida de distancia más personal es la que separa el inquieto presente de la patria infancia.
La medida de distancia para la galaxia es la que separa la mirada del Poder de mi humilde mirada.
Tanto es así que no hay un sólo sabio ni un sólocretino que no haya dejado sobre el una frase.
Yo sólo puedo decir que el amor es tan fuerte que ha sobrevivido a sus frases, a sus ensayos, a sus telenovelas, a sus enamorados, a sus besos de Judas, a las postales de Venecia y a muchas de sus canciones.
El amor en abstracto me dejó de interesar cuando le puse tu nombre.