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Faro sin mar..

lunes, 25 de junio de 2012

Paseante




No he escalado ni posiciones sociales ni montañas.

He sido un intrépido espeleólogo
tumbado en la cama con los ojos cerrados
y las púpilas dilatadas y húmedas.
Me semejo a un búho curioso y desbordado.
 
Mi vocación,
no sé si elegida o por descarte,
ha sido la de paseante
y mirador
desde la atalaya del suelo
y los túneles
subterraneos.

Desde esa posición privilegiada
-peripatético con Aristóteles,
caminante con Machado,
acostado con Onetti-
retratada en verde en los semáforos
la vida me ha reprendido
cuando he arrollado a prójimos
con la arrogancia
de la diferencia de velocidades.

Algunos de mis aterrizajes
-los paseantes volamos,
no somos ajenos a los prodigios-
han sido de emergencia
y con daños personales
y heridos compañeros
y compañeras dañadas.

De igual manera que a mis colegas
me ha caido el cielo sobre el sombrero.
Jamás usé paraguas
ni en los casos de bombardeos
de ideas
o de explosivos.

Cuando llevo casco
es porque sostengo una opinión
que no es compartida
por los que me han dado alimento y cobijo
a cambio de mis escritos.

No cambio el tono ni el argumento
cuando me mudo de geografía
de arquitectura
o de patrón.

Me han educado bien
solo cago en casa
y allí rompo los platos.

En el capítulo de condecoraciones,
no tengo ninguna medalla.
Guardo los remordimientos
en mi sala de trofeos
que visito
como mi muro de las lamentaciones
o mi confesionario laico.

No tengo la conciencia limpia
porque la he utilizado.

Soy proletario de patrimonio.

No he escalado posiciones sociales ni montañas.
Para determinado caminos
hacia el éxito y la fortuna
no tengo vocación
o soy diletante,
vago.

El último paseo me gustaría ir cogido de tu mano.
 

 © Mariano Crespo Martínez  


                    
                   

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