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Faro sin mar..

domingo, 22 de septiembre de 2013

Paradoja



Cuando joven,
mi profesora de literatura hispánica,
doña Elena,
me enseñó que la seducción
era un arte que se ejercía pausado

y que la lentitud y el sosiego eran sus aliados.

Por las noches de los sábados,
a la inmensidad chicas por las que me sentía atraído,
a las que propondría matrimonio
con tal de conocer el sabor de sus labios,
-y no digamos su orografía
y la existencia real de las palabras
que buscaba en el diccionario-

huían precipitadamente con los que tenían moto.

Si amo a Cortázar, García Márquez, Borges, Onetti
Vargas LLosa, Donoso y tantos maestros
se lo debo a los reiterados suspensos en el ritmo de la seducción.

Los peatones somos de natural gafotas e ilustrados
y con una historia sentimental que no precisa apuntes.  



© Mariano Crespo




                     

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