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Faro sin mar..

sábado, 1 de diciembre de 2012

La herencia




De imagen y semejanza de dioses,
los hijos de dioses presumen.

Mas los mejores barros,
sin las manos artesanas,
no son la buena cerámica.


Los dioses no tienen apellidos.
El nombre les abre puertas y cierra las ventanas.

Los dioses hacen bastardos a sus hijos.


Nosotros y el sol,
al contrario que su padre,
les reconocemos.
 
El árbol de la ciencia tiene más corteza que certeza
e ignora los misterios, la magia y lo improbable.

En los corrillos de dimes y diretes de cualquier calle
dicen que la genética ni cree ni reza.


El ADN es un árbol genealógico
peligroso de observar, rencoroso y ciego.
Eso me cuentan los ahorcados,
mis hermanos de la estirpe de Caín
y el desorden que rige este trasiego.
La omega puede ser el principio además del fin.

Predicaron "quod natura non dat, Salmantica non praestat"*
y era la disculpa eclesiástica
para enseñar el conocimiento
no como un camino iniciático
sino como un dogma
que en su interior oculta un secreto.

El ADN vive ajeno de  la cultura,
del saber que va de mano en mano.
La civilización frente a la barbarie de natura.

No sabe de la escalera quien no contempla el pasamano.

No, ese ácido no es profético.
Nos pronostica un alzheimer
pero no unas Memorias de Adriano,
el desoxirribonucleico.


© Mariano Crespo Martínez


(*) «Lo que la naturaleza no da, Salamanca no presta». Dicho popular utilizado en el tiempo en que la Universidad salmantina era un referente de conocimiento.



                

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