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Faro sin mar..

jueves, 15 de marzo de 2012

Mujer que mira a un hombre que la ignora



                                         “La estrategia amorosa se sabe emplear
                                           sólo cuando no se está enamorado”
                                           CESARE PAVESE. El oficio de vivir.


No importa mi nombre.
Soy una mujer cualquiera.
Una chica que acaba de aprender
que el oficio de estúpido tiene algunas ventajas.
No está sujeto a desgravaciones de conciencia.

El oficio del amor es, sin embargo,

un oficio de tinieblas y renuncias.

Sentarse a tocar el piano

con la vana ilusión
de que él guste de la música.

Él, digamos que es un pronombre culto,

de ojos que te deslumbran con las largas,
un culo apretado y una sonrisa
como para estudiar para dentista.

Además, ese puto pronombre tiene sentido del humor,

ironía fina, lee libros, no sale de los retretes
tocándose la bragueta
y baja la tapa después de aliviarse.

Desde que estuve poseída por ese pronombre

personal e intransferible
no me reconocen las amigas.
Intentan escrutarme los silencios y las ausencias
He cogido manías de espía o de portera
y hago cosas incalificables.

Tomar la úiltima copa de cualquier antro

por si él no está lo suficientemente borracho
y me dirige la palabra.

Traer a vivir un gato a casa.

Asomarme sin motivo a las ventanas..
Llorar con la telenovela venezolana.
Esperar a que el cartero llame mil veces.
Escuchar el suelo, como los sioux, esperando sus pisadas.
Cargar la batería del movil aunque esté cargada.
Tener mas estudiada que una actriz la primera frase.
Acostarme con un sin nombre
para intentar de una vez que mi coño le ignore.
Ponerme la lencería adecuada
para excitar a los espejos.
Prometer ser razonable
y jurarle a la almohada que voy a sacar bandera blanca.
Que ya está bien. Que tienes dignidad.
Que no me reconozco.
Pero... ayer pareció que me miraba.
Y que le brillaban las pupilas al mirarme.
Luego supe que iba puesto de maría,
y con tanta ginebra que parecía
tener nacionalidad suiza.

La realidad es, a nuestro pesar, una mula terca

que no lee poesía.
Y la historia escoge el realismo sucio
para intelectualizar los guiones con finales tristes
y predecibles que yo no predecía.
La realidad es una puta con la hipoteca pagada.

Por eso llega el día en que comprendes,

que has sido trilera contigo misma,
y ya no te importa por qué todavía ese cretino sonrie.

Has entendido que el oficio de estupido tiene algunas ventajas.

Es ciego. Se alimenta de sopa boba.
Y aunque, pese a todo, en ocasiones se cae del guindo,
no está sujeto a desgravaciones de conciencia.

Eso es lo que me ha ido quemando las ojeras.


Es esa mañana en que el pronombre se fue al olvido,

se hizo gramática sin ocupante,

Y respiras.

Que saludable es la soledad.
Te gustas a ti misma.
A eso le llaman estar curada.
Y es una mierda la mar de confortable.


© Mariano Crespo Martínez
                               

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