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Faro sin mar..

sábado, 3 de marzo de 2012

Soy un tipo afortunado



"He sido un hombre afortunado; en la vida nada me ha sido fácil."
Sigmund Freud

Tengo una vida, vivida a ratos, perdida y ganada,
que, bien juzgada, con sus ratos lúdicos,
con sus lúgubres y tétricos momentos,
no alcanza para unas memorias para que alguien aprenda,
disfrute o, al menos, en su léctura el sopor no le venza. .
Pero tengo algunos instantes pequeños que hicieron
que mereciera la pena tanto viaje en metro,
tanta estancia en el tedio.
He conocido la mirada de los hombres valientes.
He compartido confidencias con obispos, ladrones,
y gente que empuñó un arma para defender
ideas que no comporto. 

Y hombres que estuvieron
en hoteles con rejas por luchar por asuntos en los que creo.
Una noche vi un OVNI, otra Eric Burdon cantó ébrio
para mi solo y otros pocos borrachos.
Una mañana Benedetti me confesó su pasión por el Nacional
de Montevideo y por Antonio Machado como maestro.
Una hija de un magnate quiso meterme en su nónina
de experimentos sexuales desclasados
y salí indemne - o sea, escapé por una ventana como un gato-.
Estuve a dos metros de Adolfo Suarez cuando tiró la toalla
y contemplé la huida protegida de un icono derrotado.
Me echó de un hotel en que bebía, sin pasar por caja,
el boxeador que de niño había admirado.
He conversado con dirigentes, en la hora de la derrota
y el vómito, en conversaciones que nunca publiqué
y, como ellos no dudaban de mi silencio, se sinceraron.
Todavía ahora, siendo un parlanchín, callo más que hablo.
Se me ha dado conocer el interior de algunas
personas de nuestra historia que contradice su biografía
y matiza o niega su imagen pública y su autoretrato.
Las mejores lecciones las he recibido
de personas y geografías que nunca hubiera imaginado.
Despues de años de disidencia el único porrazo
de los grises me lo llevé en Chamartín por
invadir el campo tras un partido glorioso.
He conocido casi todas las miradas del odio,
las del fruto de la envidia,
del desamor, del equívoco,
y de una disputa
que nunca he buscado.
Jamás he sido competitivo y, pese a ello,
ha habido ocasiones en que he ganado.
He tocado fondo y bajado al fango,
y conozco de primera mano hasta donde he podido caer 

al practicar la miseria por un trance envenenado.
He logrado mirar mi retrato con el mismo
cinismo, piedad, humor, despecho y afecto
con el que os miro a vosotros.
Estoy hecho del mismo tejido que la mayoría
de mortales y ni me deleito ni me flagelo
por esta mediocridad de ADN
que comparto con algunos gusanos.
Al contrario que Gregorio Samsa
no me sorprendo cuando me levanto
mutado en insecto.
Me han amado mujeres extraordinarias
más allá de lo que merezco.
He resultado herido por la deslealtad
de quien amé y por quien puse la mano en el fuego.
No creo que la información y el conocimiento
te hago más sabio, te convierte en taciturno
cuando sabes lo que se oculta bajo lo que otros veneran.
Creo en las bases más que en los dirigentes.
En los pueblos más que en las naciones.
En las personas más que los pueblos.
En los tangos más que en los himnos.
Y en las mantas más que en las banderas.
Mis mitos no son mis santones.
Y desde esta atalaya de mis 55 años
creo en menos cosas pero con más firmeza.
Creo que soy más joven que cuando
la edad me catalogaba en ese estado.
Sigo tropezando en las mismas piedras.
Me indigno de la misma manera que un inadaptado.
Quiero que quien amo, ame. 

Y trabajaré por dejarme ver, y ser yo el beneficiado.
Estoy dispuesto a hacer el ridículo
cualquier noche que la noche me hechice
y me sienta bien acompañado.
Creo que la felicidad está sobrevalorada,
como el éxito, el reconocimiento, y las cimas del vacío.
Los hombres más sabios que he conocido
pasan desapercibidos en los aeropuertos.
Y mis metas son tan sencillas como el respeto
de los que me conocen y del mío propio.
No perder la distancia al toro.
Y vivir como el que conoce
que es un ratito corto en la infanidad del universo,
un actor secundario de una obra absurda
de la que es mejor no conocer el guión
y sorprenderse como un niño
con las trampas del misterio.
Si hay que rezar se reza.
Si hay que llorar se llora.
Sí hay que jugar se juega.
Y he leído lo suficiente, he viajado lo preciso
para mirar con recelo
a los que se proclaman coherentes y sinceros.
Concluyendo: Solo me sacan de quicio
los listos, los que lo tienen todo claro,
y esos cretinos que andan pregonando
que todo lo que son se lo deben tan sólo a sí mismos.
Tal vez porque tengo deudas que ni con veinte vidas más
podré haber pagado.
Qué se va a hacer.
He sobrevivido a mis catecismos,
mis seguridades y mis complejos.
He conocido mucha generosidad.
Soy un tipo afortunado.


© Mariano Crespo Martínez

                                  


1 comentario:

  1. Dado que yo tampoco creo en himnos, pienso que estos versos podrían ser mi tango.

    Gracias, Mariano.

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